Todos necesitamos un gustito de vez en cuándo...

Actualizado: 22 de jun de 2020

Como ya les he contado infinidad de veces, yo sufría de migrañas desde los 7-8 años. He perdido la cuenta de cuántas tomografías, resonancias magnéticas, mapeos cerebrales y demás exámenes me han hecho. Mucho menos de la cantidad y variedad de pastillas que me han mandado a tomar, que han pasado desde las pastillas para el dolor, por los ansiolíticos y hasta anti-convulsivos.

Además de los fortísimos dolores de cabeza, sufría de insomnio, una gastritis tan fuerte que me tuvo varias veces internada en la clínica, sumados a los desórdenes alimenticios que me acompañaron por muchos años, me la pasaba sufriendo constantemente.

Iba a neurólogos, reflexólogos, masajistas, acupunturistas; me hicieron reiki, alineamiento de chakras ¡Qué no hice! La verdad es que no sólo vivía pobre porque me gastaba toda mi plata (y antes la de mis papás) yendo y viniendo de medico en terapia en tratamiento y jamás lograba sentirme bien. Llegaron a decirme que "era migrañosa" y que por ende, no tenía cura y que iba a tener que tomar medicamentos toda mi vida, por más que éstos no me dejaran dormir o me adormecieran la cara ¿se imaginan qué horrible me sentía? Frustrada y adolorida (y pobre).

Empecé a estudiar sobre cocina y medicina ayurvédica, lo cual me hizo entender que los alimentos, además de nutrirnos, nos pueden curar. Empecé a llevar cursos de cocina vegana, vegetariana, paleo y cuanto curso descubría, porque querìa probar todo a ver qué me haría bien a mi específicamente.

Mi chico estaba seguro que si me volvía vegana, todos mis males se iban a ir. Así es que traté de ser vegana, pero no me funcionó. Luego traté de ser vegetariana, pero tampoco tuve suerte. No fue sino hasta que aprendí acerca de la dieta de eliminación y descubrí la dieta #Whole30 que entendí qué era lo que A MI me hacía daño. No lo que le había funcionado a mi amiga, no lo que le habían dicho a mi flaco que me haría bien, no lo que mi mamá había averiguado, sino lo que probé que me estaba haciendo daño a mi.

En mi caso, el gluten y el azúcar agregado, simplemente hacen que mi cabeza cobre vida propia y trate de matarme de dolor. Pasaba días adolorida, de mal humor y frustrada. Desde los 7-8 años me la pasé de clínica en clínica, de pastilla en pastilla, cada vez más fuerte, cada vez más insomnio, cada vez más potentes... terminaba en la clínica con petidina (algo similar a la morfina) para que me dejara de latir la cabeza y dejara de llorar del dolor. Un día "normal" tomaba entre 4 y 6 pastillas traídas especialmente desde Argentina, que eran un cóctel para quitarte el dolor cuando nada más funcionaba. 6 pastillas diarias. Seis. ¿Se imaginan?

Luego de descubrir qué era lo que me causaba daño, fui feliz. No más pastillas. No más dolor. Quizás un dolorcito al mes pero uno vs toda la vida, para mi no es nada. Estaba feliz con mi dieta pero, claro... quién no necesita un dulcecito de vez en cuándo... así es que dije "está bien, me voy a comer un dulce de cuándo en cuándo y lo voy a disfrutar todo y luego olvidarme por un buen tiempo" pero así, sin darme cuenta, empecé a comer los Ferrero Rocher que tanto me gustaban... y vendían paquetitos de a 3... imagínate comerte sólo 1... y así, fui cayendo nuevamente en el dolor, en las pastillas, en sentirme mal todos los días, de mal humor, con los ojos hinchados y súper frustrada.


Un día me decidí a ser responsable. A poner en una balanza mis antojos vs mi salud. En poner en una balanza sentirme bien siempre vs sentirme bien 5 minutos. En que me quedara bien mi ropa vs sentirla ajustada y que apareciera ese rollito que tanto me estresaba. Empecé a valorar mucho más las cosas y me decidí por no volver a sentirme mal. Por no volver a sacar todo mi closet y sentirme frustrada porque TODO me sacaba ese rollito que tanto me estresaba. Por no volver a quedarme despierta hasta las 3am sin poder dormir por la cantidad de azúcar que había comido, o por la cantidad de pastillas que había tenido que tomar para quitarme el dolor de cabeza. A no volver a buscar a alguien que viniera de Argentina para que me traiga esas pastillas salvadoras que realmente me hacían mucho daño.


Está bien, todos necesitamos un dulcecito de vez en cuándo y a veces no basta con comer una fruta. A veces queremos ese chocolatito con el café con las amigas, o ese dulcecito para disfrutar con la familia o ese gustito para cuando te sientes bajoneada porque te jalaron en un examen o terminaste con tu flaco o simplemente tuviste un día de M en la oficina... pero ¿realmente vas a tirar al tacho todo lo que has logrado con tu dieta, por un dulce cualquiera? ¿Realmente vas a malograr tu estilo de vida saludable por un chocolate que ni siquiera es chocolate? ¿por una torta que tiene más azúcar de la que deberías comer en una semana entera? Yo aprendí a la mala y les puedo decir que no, no vale la pena. Nunca más al kiosko de la oficina. Nunca más.


Si quieren tener resultados distintos, no sigan con las mismas acciones de siempre. No pretendan sentirse bien, estar en su peso, que su ropa les quede mostra, que no les duela nada, si van a pasársela tomando gaseosas y comiendo golosinas y bocaditos por doquier. No vale la pena para nada.


Para lograr sus objetivos de salud, deben hacer algunos sacrificios, como por ejemplo olvidarse de esas chatarritas que finalmente son las que les quitan la buena salud y que son una trampa para ustedes, porque no van a comer uno, ni dos, sino que no van a poder parar hasta que sea muy tarde.

El azúcar es una droga. Quizás peor. Pero pueden buscar elecciones más saludables que te ayuden a tener ese "gustito" de vez en cuándo y, la verdad es que, como no son muy baratos, van a ayudar a mantenerlos como lo que son: "gustitos".

Y si realmente les parecen "muy caros" piensen en la cantidad de plata que se gasta por medicinas, doctores, etc. y todo lo que yo gasté antes de darme cuenta que eliminando ciertas cosas de mi dieta, nunca más gastaría en ellos y lograría sentirme genial.


Esta receta me la enseñó una amiga. En realidad era un poco distinta pero pueden ir probando y modificando de acuerdo a sus gustos, lo que haya en casa, lo que alcance al bolsillo o lo que quieran. Yo hoy hice esta receta de "bolitas energéticas" que duran un buen tiempo en el refri y que puedes ir "dosificando", siempre sin excederse. Recuerden que un gustito es eso, y que no debe comerse en demasía, en todas las comidas ni todos los días, sino a veces, cuando provoque una tardecita, cuando estemos con cólico y con ganas de algo dulce, etc.


Trufas Energéticas

2/3 de taza de almendras

2/3 de taza de pecanas

2/3 de taza de nueces

1 taza de dátiles despepitados

1 taza de coco rallado

1/4 de taza de chocolate orgánico negro (70% para arriba y sin azúcar)

2 cucharaditas de esencia de vainilla (orgánico)

3 cucharadas de aceite de coco

1 pizca de sal de Maras

1 1/2 cucharada de café orgánico molido

Primero procesen las almendras, pecanas y nueces (o los frutos secos que prefieran) hasta que quede como una harina. Agregar los dátiles, coco y el chocolate derretido en baño maría y procesar nuevamente Agregar los demás ingredientes y procesar hasta que estén bien mezclados. Hacer bolitas con las manos húmedas. Deberás prensar las bolitas con el puño ya que no tienen azúcar que "pegue" la masa y no se pueden hacer como una trufa normal (me vas a entender cuando lo intentes).



Salen entre 25 y 30 bolitas pequeñas que puedes guardar en un tupper en el refri. Perfectas para acompañar el cafecito o como un postrecito eventual (2 unidades). Pueden hacerlas sin café y mandarlas en las loncheras de los chicos también, así se recargan de energía para los recreos del cole.

Una manera deliciosa de tener un gustito y además, nuestras grasitas buenas y antioxidantes que tanto bien nos hacen :)




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